Nuestros pavos vienen de Morelos, y eso cambia todo

Hay algo que se aprende con los años en esto: la calidad de lo que comes se decide mucho antes de que llegue a tu cocina. Cuando abres el paquete ya es tarde para elegir. Lo que vas a probar se definió meses atrás, en el campo.
Por eso, cuando alguien nos pregunta qué hace distinto a nuestro pavo, la respuesta no está en la etiqueta. Está en Morelos.
De dónde vienen
Nuestros pavos son de productores de Morelos con los que trabajamos bajo criterios muy específicos de crianza, alimentación y manejo. No es una relación de comprar y ya. Son productores que conocemos, y a los que auditamos una vez al año para verificar que todo siga como acordamos.
Esa auditoría no es un trámite. Es lo que nos permite decirte con certeza cómo creció el animal que vas a poner en tu mesa, y cuidar la trazabilidad del producto desde el campo hasta tu casa.
Cómo crecen
Se crían en libre pastoreo, con acceso a espacios abiertos y respetando sus tiempos naturales de crecimiento. Eso último importa más de lo que parece: un animal que crece a su ritmo desarrolla la carne de otra manera.
Su alimentación se complementa con granos seleccionados y libres de GMO. Durante toda la crianza no se usan hormonas, antibióticos ni promotores de crecimiento.
Los tres que tenemos, y para quién es cada uno
No todos los diciembres son iguales ni todas las cocinas funcionan igual. Por eso tenemos tres versiones.
Pavo Entero Congelado de Libre Pastoreo
Para quien disfruta el ritual completo: dejarlo marinando desde un día antes, estar al pendiente del horno y sacarlo entero a la mesa. Calcula entre 350 g de pulpa por persona, así que uno de 6 kilos alcanza para una mesa de 8. Y bájalo al refrigerador con tiempo: descongelar toma un día por cada 5 kilos.
Pechuga de Pavo de Libre Pastoreo
Para mesas más chicas, o para cuando quieres cocinarlo tú pero sin comprometerte con un pavo de ocho kilos. Aquí calcula 250 g por persona.
Ya viene cocinado. Llega a tu casa, lo calientas y lo llevas a la mesa.
Cómo calentar el preparado para que quede jugoso
El error más común con un pavo ya cocinado es tratarlo como si estuviera crudo. No necesita volver a cocerse, solo necesita recuperar temperatura sin perder los jugos.
Horno a 175 grados, el pavo en la charola con una taza de caldo en el fondo y tapado con papel aluminio. Calcula unos 25 minutos por kilo. Destápalo los últimos diez minutos para que la piel recupere el dorado.
Si tienes termómetro, el centro debe marcar 74 grados y ahí ya está. Si no, la señal es que los jugos de la charola vuelvan a burbujear. Lo que no hay que hacer es dejarlo destapado desde el principio: la superficie se seca antes de que el centro se caliente.
Por qué lo elegimos
El resultado es un pavo que elegimos no solamente por su sabor y la calidad de su carne, sino por todo lo que hay detrás: un buen origen, una crianza cuidada y una manera de hacer las cosas en la que confiamos.
Porque cuando conocemos de dónde viene lo que comemos y cómo fue producido, también podemos elegir mejor lo que llevamos a nuestra mesa.
Los tres pavos ya están en Alacena, y te sirven igual para la cena de este mes que para la de Navidad.








